CRÍTICA DEL RÉGIMEN ESPAÑOL DE 1978 SÁTIRA CONTEMPORÁNEA

EN CUEROS VIVOS Y CON UNA PISTOLA APUNTANDO AL PECHO (2018)

Nadie lo dice porque todos tienen miedo a decir la verdad.

El sistema económico español no da de sí la virtual amplitud flexible del afamado Coño de la Bernarda para dar empleo a tantas categorías sociales cuyo ideal de vida insuflado en meninges harto ociosas es el ideal del rentista funcionarial.

Cierto que uno de los suyos, un tal Rajoy Brey, funcionario de ventanilla con manguitos decimonónicos, ha llegado muy alto, pero holgazanear durante décadas rellenando quinielas raramente permite llegar tan lejos, incluso en la España donde la plebeya Letizia amonesta a la nobleza de sangre europea.

El Régimen del 78 promete el paraíso estatal de la función pública, muchos son los llamados, pocos los incorporados con sueldo, nómina, pensión, subsidio o lo que sea con tal de ir tirando y pagar facturas y demás delitos, quiero decir, débitos.

El español por antonomasia, idealizado incluso en series de televisión y películas subvencionadas, es el Dioni, héroe español del final del periodo regimental felipista que vuelve a gozar de actualidad pues la «chapuza» laboral, con contrato indefinido o temporal, es la realidad económica a la que se encuentra abocado el sujeto neo-hispánico recién incorporado a la nueva Categoría social de la «Spanish White Poor Trash», por mucho que el bronceado intente disimularlo.

Seamos sinceros con nosotros mismos, el Régimen del 78 nos deja en cueros, con la mujer prostituida, la hija haciéndose fotos en paños menores para salir en televisión, el hijo hecho podemita, la hermana estuprada por un morito con circuncisión y el sujeto constituyente de la Nación española como un berberecho pegado a la lata de conservas, no sea que se fijen en él y acaben por comérselo los evadidos rebeldes de la Sacrosanta y virginal Legalidad constitucional española.

Ánimo, caballeros, vuestras mercedes pueden seguir blandiendo el sable contra los Gigantes y Molinos de Viento.

Total, la dignidad de la jefatura del Estado es cosa familiar y tan sólo un rifarrafe.

Al menos Donald Trump se paga sus putas y no soy yo quien se las paga…

Afrontamos una «Psicomaquia» moral, una lucha interior entre dos principios todavía sin nombre ni identidad definida.

El principal y único enemigo de los españoles vivos son los propios españoles vivos, que en realidad están aterrorizados sin saberlo porque los poderes políticos, económicos y sociales vigentes y muy activos los dan por muertos.

Hacerse pasar por muerto es lo que suelen hacer tras la batalla los que se esconden debajo del cadáver de los valientes. Cada Fiesta de la Democracia española es, en cierto sentido, un recuento de los Caídos y no precisamente por «amor a la Patria».

Los españoles se niegan a elegir y tomar partido. Se esconden siempre debajo de lo que pueda ofrecerles una oportunidad de seguir viviendo, no importa cómo ni por qué ni para qué. Sobrevivir no es señal de valor, casi siempre es signo de todo lo contrario.

Hay que convencerlos para hacerles creer que basta cambiar de marca electoral y caras para salvarse y alcanzar la buena conciencia, porque la «convivencia» es lo primero y las buenas personas son «centristas» por naturaleza.

Y de centrismo en centrismo, entre sonrisas de buenas personas que aman la pacífica convivencia y el vivir reconciliado y el no tener enemigos y el no declararse enemigo de nadie, llega el momento en que estalla el conflicto y uno sigue preguntándose «¿Qué he hecho yo para merecer esto?» y ni siquiera cuando ya lo están encañonando ha entendido nada.

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