CRÍTICA LITERARIA

LO INEFABLE (2017)

Había un gorrión minúsculo que, cuando retumbaba el trueno de la tormenta, se tumbaba en el suelo y levantaba sus patitas hacia el cielo.

-¿Por qué haces eso? -le preguntó un zorro.

-¡Para proteger a la tierra, que contiene muchos seres vivos! -contestó el gorrión-. Si por desgracia el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que ocurriría? Por eso levanto mis patas para sostenerlo.

-¿Con tus enclenques patitas quieres sostener el inmenso cielo? -preguntó el zorro.

Aquí abajo cada uno tiene su cielo -dijo el gorrión-.

Este microrrelato antiguo y anónimo, excepcional, singular, de una sencillez devastadora para las mediocres ínfulas intelectualistas de cualquiera, me ha conmovido y no sé explicar por qué. Hay cierto malestar prejuicioso en reconocer que lo más sencillo de lo sencillo pueda llegar a ser tan profundo, pero intuimos que ése es el sello de la verdad donde resplandece lo verdadero.

El sentido, si es auténtico, es infinito y está abierto. No hay interpretación que agote el sentido asignándole uno de manera dogmática y definitiva.

La cultura oriental antigua y medieval, sólo a través de este pequeño ejemplo, muestra cosas muy elementales que la cultura europea sólo muy tarde ha empezado a atisbar (el valor del vacío, del silencio, de la ausencia, la belleza de lo pequeño…).

Si se piensa que lo más parecido a este cuento en la cultura europea son las fábulas de animales heredadas de Grecia y Roma como subgénero literario, entonces puede medirse la distancia que separa a un tipo de humanidad de otro en cuanto al nivel de la comprensión de la realidad última.

Todas las interpretaciones son válidas y ninguna miente o dice algo falso. Filosóficamente hablando, el cuento evoca multitud de nociones centrales en las cosmologías, creacionistas o no, en las metafísicas, intelectualistas o no, tal vez en las teologías, monoteístas o no:

Cada uno participa de un Todo hecho como una especie de solidaridad orgánica…

Nadie sobra en el sustentamiento del universo, cada uno es un elemento armónico dentro de la melodía del conjunto.

La Verdad es el Todo, pero cada parte es una perspectiva necesaria para la comprensión del Todo.

Todo, distributivamente, colabora a la Existencia plena.

Todo es necesario para que la realidad esté completa. Todo lo existente tiene una dignidad infinita como parte de una Creación en la que participa…

Etc, etc.

Ningún enunciado expone una verdad superior o mejor.

A su vez todas las frases se explican unas a otras, porque remiten a lo Mismo. Pero ese Mismo es inefable.

El pensamiento oriental apunta a una sabiduría autorredentora sin intervención divina.

De ahí la impresión que produce un cuento que evoca una concepción de la realidad que nos resulta a la vez cercana y lejana. Lo más parecido que ha habido en Occidente a este método de saber es quizás la Gnosis, que por ello se ha convertido en la herejía misma, y fuente de todas las demás.

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