MICRORRELATO POLÍTICO

ESPAÑA, 2019: UN TESTIMONIO REAL (2012)

Testimonio oral de Don Antoni Palau de Némesis sobre los sucesos de la plaza de toros de La Maestranza en el 25 de abril de 2019

“… Sí, nosotros ya habíamos avanzado sin encontrar apenas resistencia, cruzamos el Ebro por Zaragoza y seguimos hasta llegar a Despeñaperros… No recuerdo quién estaba al mando de nuestra compañía, pero debía de ser un pujolista acérrimo, pues lo primero que nos dijo fue que no tuviéramos piedad cuando entráramos en pueblos y ciudades andaluzas… No sé si se refería a las mujeres o a las bodegas de Jerez y Jumilla…

… Entre nosotros también había muchos andaluces pero casi todos se habían nacionalizado y apenas si quedaba alguno que ceceaba… Bueno, sí, era el pesado que contaba chistes de Lepe cuando acampábamos y vivaqueábamos… Pero nos reíamos mucho con él, aunque nos parecía un típico andaluz graciosete y un poco vivales… Él no tuvo del todo la culpa de lo que sucedió luego… Claro que no, no era como nosotros, serios, trabajadores y honestos…

… Ya por entonces habían surgido diferencias entre los “charnegos” de nuestro regimiento “Lluis Companyes” y nosotros mismos, pero siempre había una baraja y una botellita para acallar resquemores e inquinas… Sí, es lo que tiene hablar una misma lengua, nos entendíamos bastante bien, pese a nuestras diferencias…

… Yo creo que los problemas aparecieron por culpa de aquella perra de la mujer del alcalde de Sevilla, cuando nos invitaron a una fiesta de bienvenida en La Maestranza… Sí, por supuesto, allí en Sevilla entramos sin pegar un solo tiro, porque estaban todos en la Feria de Abril y no se preocuparon demasiado de nuestra llegada y ni siquiera se les veía asustados ante la imponente presencia de nuestras tropas…

… Claro que nuestros vistosos uniformes no eran demasiado intimidantes y los sevillanos creo que se los tomaban un poco a chufla… Ya les habíamos advertido a nuestros jefes que los hombres no se tomaban en serio unos uniformes que más bien parecían bufandas y gorros de lana de jamaicanos colgados que verdaderas vestimentas de campaña… pero es que las deudas de nuestro gobierno no permitían un gasto desmesurado en uniformes de verdad… y no digamos en armas y toda esa pesca…

… A mí me parece que al principio no hubo problemas de convivencia porque nuestro gobierno ya había declarado a la Junta Independiente de Andalucía que aumentaríamos los subsidios y los haríamos extensivos a la totalidad de la población, ampliando asimismo los festivos y la facilidad para obtener bajas laborales, lo que nos evitó muchas trifulcas y hasta “violencias innecesarias”, como decía muy engreído nuestro capitán pujolista…

… Para demostrarles nuestras buenas intenciones, nada más entrar en la sede del Consistorio Municipal, cogimos al más vociferante de los Unionistas Españoles, y en nombre de La Confederación Panibérica de Pueblos Libres, bajo cuyo juramento de fidelidad constitucional estábamos comprometidos, le sacudimos dos o tres bofetadas, pero un poco en plan de broma y eso… Era uno de esos pobres tipos que años atrás escuchaba los programas de radio de ese tal Losantos, sí…, ya recuerdo, el que sufrió el accidente de tráfico en Lleida, inexplicablemente…

… Bueno, todo iba bien hasta aquí… pero ya se sabe que el diablo nunca está quieto y anda meneando todos los pucheros… Así que llevábamos ya tres semanas en paz y armonía con los andaluces y, sobre todo con las andaluzas, y aunque reconocíamos su inferioridad, o al menos la suponíamos tal, casi nos llevábamos a pedir de boca… La boca por la que muere el pez, mucho me lo temo, ahora que lo veo en perspectiva…

… El caso es que la María Engracia tenía peligro… Sí, ya sabe usted, una de esas andaluzas ojinegras, con vello erizado y abundante como para repartir, con cuerpo robusto y atlético de jaca jerezana, en fin, qué le voy a contar, una de esas andaluzas que dan miedo incluso a los más corajudos miembros de nuestra raza catalana…, sobre todo a los que no son diestros en montar demasiado bien a caballo…, y nosotros, en efecto, éramos tiradillos de infantería.

… Nuestro capitán pujolista ya se había fijado, y mucho más me temo, en ella, el día que nos recibieron con la banda municipal de música silboteando a todo trapo nuestro himno nacional, y ahora victoriosa marcha de granaderos, saludados por la muchedumbre isbiliyense (como ahora se nombraban los sevillanos) con ramos de rosas y jazmines en honor de las fuerzas liberadoras de la opresión secular y madrileña de Al-Andalus.

… Nunca debimos asistir a aquella maldita corrida de toros, pero, como entre nosotros todavía quedaban muchos aficionados y muy entusiastas de ellas, y en especial, lo era hasta la locura nuestro capitán pujolista, si tiene usted en cuenta que a nosotros nos las habían prohibido años atrás en nuestra tierra, pese a gozar de tantas libertades de que no disponía el resto de pobres y atrasados españoles, pues no pudimos rechazar la invitación…

… Así que ahí nos tiene en el palco de honor junto al alcalde y los munificentes ediles, y nuestro capitán pujolista que no se cortaba ni un pelo al lado de la María Engracia dándole todo el palique que podía y haciéndose el gracioso y muy el caballero ricohombre catalán, “gentil e molt dotat”, lo que para él no tenía dificultad, pues había sido cargo electo por Convergencia en los oscuros tiempos de la Autonomía… y estaba acostumbrado a tenerlo todo gratis total y vivir como un rey…

… De lo que sucedió luego, yo me enteré por el de los chistes de Lepe, que fue testigo de los hechos que han dado ocasión a tantos quebraderos de cabeza y a este interminable conflicto entre las dos mayores nacionalidades panhispánicas independientes, tras la desaparición del Estado central… Entre el segundo y el tercer toro de la tarde, la María Engracia debió de sentir alguna necesidad de ir al lavabo y salió del palco con su mantilla negra, su rosa encarnada y su caracolillo de tocado a lo Juanita la Larga, con garboso meneo, al que no pudo resistir nuestro ya sucumbido capitán pujolista, que la siguió como poseído con la mirada y a continuación se levantó todo ido de su asiento de honor y fue tras sus pasos…

… Y pasó lo que tenía que pasar… Aquí hay varias versiones, pero todas tienen, me temo, el mismo desenlace. Mientras los tendidos abarrotados se desgañitaban en vítores durante la faena a muleta de José Tomás, que, aunque envejecido, había vuelto a los ruedos en busca de más gloria, en el lavabo para gente importante de la plaza de toros se desarrollaba otra faena, a juzgar por sus consecuencias históricas, no menos gloriosa… También el alcalde, con la mosca detrás de la oreja, se dirigió a los servicios y allí, al parecer, sorprendió de mala manera a la pareja en compostura muy desenvuelta, pues nuestro capitán pujolista tenía entre sus muslos, agitados por espasmos, la cabecita despeinada de la señora del primer edil…

… Y aquí fue la de Dios es Cristo… cuando el cornudo andaluz recriminó con ásperas palabras la conducta del capitán, a quien tachó de “desleal”, “maricón” y “puto catalán de mierda”… Y, bueno, ya sabe usted lo que siguió luego, todas las persecuciones, todas las matanzas, todas las guerras… y todo por una perra en celo…”

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