CRÍTICA DEL RÉGIMEN ESPAÑOL DE 1978

FUNERALES DE ESTADO PARA APR (2019)

Todo lo concerniente al finado es anecdótico. Sus actos, sus cargos, sus palabras o sus silencios. La verdadera pregunta es: ¿cómo se fabrican bajo unas determinadas condiciones institucionales este tipo de hombres? Los hombres políticos son, en cada caso, todo lo que la virtualidad de una organización política promueve, tolera y favorece: su crecimiento y su reproducción sólo pueden darse en un entorno y no en otro.

El Estado, en abstracto, no “fabrica” nada, aunque es cierto que expele nomenclaturas cuando los Partidos suplantan al Estado.

Beria y Heydrich tienen su sentido, Andreotti tiene su sentido en relación con ese entorno determinante, que nunca es el mismo para cada singularidad histórica que es la coyuntura concreta en que un régimen de poder clandestino y usurpado sobrevive y se reproduce. También el poderoso finado español, salvadas las proporciones del tiempo histórico y las responsabilidades a escala, tiene su sentido, apenas explícito en su “hoja de servicios”.

El tributo de admiración y reconocimiento público de toda la clase dirigente del Régimen español del 78, por comprensible unanimidad y concordia, significa exactamente esto que ahora se silencia al tiempo que se lo manifiesta: era uno de los nuestros, de los más aventajados. ¿En qué sentido?

Se reconocen ellos en él, no nosotros: un hombre que es modelo de una práctica de poder bajo condiciones de un gobierno no sujeto a ninguna regla ni a ningún control. La ocultación del delito es lo más necesario en una Oligarquía estatal de Partidos, pues bastaría una pequeña indiscreción de alguno de sus miembros para hacerla saltar por los aires. Las revelaciones sobre la corrupción de los partidos entran dentro del juego tolerable por el Régimen: cosa mucho más grave sería otro tipo de “indiscreciones” que sí comprometen el entramado del poder y harían perder el grato sosiego al español, medio o demediado, sentado ante su televisor, máquina de embelecos y extrañas ensoñaciones diurnas.

El secreto y la complicidad en el delito unifica en un cuerpo a toda clase dirigente, verdadero cuerpo místico de los nuevos privilegiados, comunidad neo-eclesial de los que imparten la Gracia “democrática” a cuenta del Presupuesto: arrendatarios de la plusvalía del tiempo social de trabajo incautado con la buena conciencia de las causas justas.  Todas las ideologías actuales derivan de esta extorsión, que por encima de todo debe ser ocultada en su significado real.

Cuando una indiscreción se revela y ya no puede ser silenciada, el indiscreto debe ser sacrificado, incluso si ostenta el título de Jefe del Estado. El finado, por encima de todo, sabía callar. Ni ideólogo ni utopista: un practicante cortesano y jesuítico del “arte de prudencia” a lo Gracián.

Mover unos cuantos hilos de la tramoya para que una espesa oscuridad se extienda sobre las irregularidades que cometemos los miembros de la corporación privada (El Estado español, sucursal de la Marca España) para conservar el poder es una obra de arte en estas escenificaciones rituales de “democracia”

Es hacerle demasiado honor tratarlo de ideólogo o utopista: el Régimen vigente no necesita ideólogos ni utopistas. Todo es mucho más ramplón de lo que imaginamos, el delito a lo grande o en lo pequeño aquí en esta tierra española es tan prosaico que cualquiera, incluso los gañanes y los granujientos, pueden alcanzar grados inverosímiles de virtuosismo y especialización.

Podemos sentarnos a esperar, pues tarde o temprano nosotros también tendremos a nuestro Aldo Moro maniatado y amordazado en el maletero de un coche. ¿O lo tenemos ante la vista todos los días y ni siquiera lo vemos?

Torre del Mar (Málaga), 13 de mayo de 2019

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