ESPAÑA, TIERRA DE NADIE

PERROS DE PAJA (2018)

En un simposio universitario español, de muy alto nivel académico, celebrado para conmemorar la fundación de la geometría euclidiana, se encuentran, entre otros personajes importantes, el número 1 y el número 2. Hacía tiempo que corrían rumores sobre las malas relaciones entre los números naturales y los números racionales, aunque incluso entre los naturales las relaciones estaban viciadas. Muy ufano, el número 1 le espetó adrede al número 2, con ánimo envalentonado y sinuosa ojeriza:

-Mi identidad es única.

El número 2, de condición irritable, le responde:

-Mi identidad también es única.

Ya picado, le replica el número 1:

-Sí, es cierto, pero tú eres sólo la suma de 1+1.

Cabizbajo, el número 2 no pudo contradecir esta verdad, pero intentó contrastar pareceres, algo a lo que eran muy aficionados los números en general, para llegar a acuerdos y pactos que mucho beneficiaban al conjunto de los números, entre otras razones, porque multiplicaban los números, gente de natural prolífica:

De acuerdo, pero al menos yo soy un poco más 1 que tú.

Este comienzo de una peligrosa discrepancia subjetiva no llegó más lejos, porque entonces intervino el número 3:

-Vosotros no sois nada ni nada sabéis de la realidad política y social que padecen los números naturales y enteros.

-¿Cómo es eso? -exclaman al unísono los números 1 y 2, que ya empiezan a presentir la necesidad de una nueva unidad unitaria en torno a sí mismos, basada en la noble dualidad proporcional, sospechando que les sería muy útil para defenderse de una hipotética pero amenazadora trinidad, encabezada por el número 3.

-Pues bien, compañeros míos, debéis saber que nuestra identidad auténtica no se debe tanto a nuestra primordial unicidad sino que, más bien, siendo diferentes, somos eternamente los mismos, pues compartimos una esencia y el número es sólo apariencia temporal del Uno eterno.

A los números 1 y 2 este argumento especioso del número 3 les pareció demasiado sofisticado e incluso “filosófico”, ajeno al bien conocido espíritu práctico de su especie numérica, que fundadamente sirve sólo para contar y calcular, en especial, dinero de otros.

Cansado de intentar demostrar sin convicción conceptos quizás apriorísticos y vacíos, el número 3 inquirió a sus compañeros, intentando sondear sus más bajos instintos, es decir, su vocación pública:

-¿Y si fundamos un partido político para traer a España “la libertad y el progreso”, como Fray Pijota nos aconseja en sus dominicales Cartas del Director?

Y fue así como los tres números se pusieron de acuerdo, porque hacer sinvergonzonerías es un alto ideal que ningún número sabe desdeñar.

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