CRÍTICA DE LA CULTURA CONTEMPORÁNEA

EL FEMINISMO Y LA IDEOCRACIA (2018)

El feminismo histórico es una ideología de la emancipación civil de la mujer burguesa, es la búsqueda de una salida a lo público de una mujer reducida a lo privado, y ésa es una “problemática” exclusivamente ligada a la mujer de condición social burguesa, tal como esta sociedad la produce y la reproduce entre las clases propietarias. Es una ideología realmente vivida en su momento histórico real por mujeres altamente intelectualizadas bajo los patrones “ilustrados” de su propia clase social.

Cosa muy distinta es un discurso de carácter ideocrático desarrollado en condiciones políticas en las que toda acción política y toda discusión ideológica han quedado atrapadas o capturadas por burocracias profesionales al servicio de los Estados de Partidos y cuya única finalidad existencial es “producir” la relación social a manera de un “brote prefabricado” implantado en una “sociedad” desarmada y cautiva.

En ese contexto singularizado, todo discurso ideológico se transforma en discurso ideocrático: no es lo mismo la búsqueda de una emancipación civil que una igualación procústea dictada por el Estado, de igual manera que no es lo mismo el obrerismo genuino, espontáneo y vivo del anarquismo antes de 1914 que la institucionalización de la clase obrera llevada a cabo por la socialdemocracia alemana y luego generalizada a todas partes a través de los sistemas electorales proporcionales, en los que toda representación política desaparece absorbida por el mecánico reflejo de identificación con el partido (la experiencia histórica, primero fascista y luego anticomunista, llevó a las derechas sociológicas a la misma reducción al absurdo, con la que tanto se complacen y regodean actualmente).

Si no se entiende esta distancia fáctica entre lo civil y lo estatal, entre lo ideológico y lo ideocrático, no se entiende nada de la evolución política occidental desde hace unos sesenta años hasta hoy mismo y mucho menos se comprende el porqué de esta expansión confusa y difusa de actitudes y tendencias carentes por completo de toda base social objetiva y de toda creación cultural autónoma. Todo lo que hay hoy en la esfera pública son puras ideocracias, discursos triviales de aparato y apparatchitk, que sin duda tienen efectos reales, pero, curiosamente, ellos mismos no son reales si se les mide por el rasero del arraigo social en las mentalidades colectivas vividas con conciencia de sí mismas.

Las ideocracias son una suerte muy evolucionada de despotismo “ilustrado” que pasa del rango puramente administrativo y ordenancista, ya superado en tanto que realizado, al control global del “ethos” colectivo, es decir, la moralidad y el sistema de valoraciones sociales. Ahora bien, en ambos casos, es el Estado como sujeto arbitral el que decide, impone y define la realidad según la lógica del grupo que en cada caso lo ocupa en su beneficio exclusivo. Las “mujeres” son una clientela muy apetecible, altruismo ideal que los partidos comparten con toda la industria de la moda y de la higiene íntima, y con el mismo significado histórico.

La mujer real, “la mujer de carne y hueso” que diría el Unamuno más kierkegaardiano, aquí sólo comparece a título de fantoche victimizado, irreal, por tanto, figura mítica que toda ideocracia produce (“el proletario universal”) como coartada para sus propósitos de “construcción social” sobre montañas de archivos, estudios, informes y documentos que nada significan y a nadie conciernen.

Dentro de treinta años, de este “feminismo” meramente idiocrático e idiopático quedará en pie lo mismo que de la planificación económica soviética: el recuerdo de una pesadilla y la certeza de un trágico error “intelectual”, aunque las víctimas sean reales, en nuestro caso, la víctima es la propia mujer real a través de la idea que una mujer “eidética” derridianamente “deconstruida” se hace de sí misma porque es obligada a pensarse y concebirse de esa manera. Pues las víctimas de la Historia son las últimas en enterarse de que lo son, un poco como les pasa a los maridos cornudos en la realidad y en las comedias…

Censuremos, pues, expresiones pintorescas tales como “democracia liberal” y reescribamos encima “sovietismo de la cultura”, realicemos la misma operación con “pensamiento hegeliano” y escribamos encima “judeo-bolchevismo”, tachemos la desagradable frase “tal vez estemos representados de forma escrupulosamente proporcional” y volvamos a formularla con mayor sinceridad: “tal vez estemos despechados de forma escrupulosamente proporcional al cuadrado de nuestras frustraciones personales y colectivas”…

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