CRÍTICA DEL RÉGIMEN ESPAÑOL DE 1978

MARIANO RAJOY COMO SÍMBOLO DE LA BUROCRACIA POLÍTICA DEL ESTADO DE PARTIDOS (2017)

En sus líneas maestras, intuimos cómo es Rajoy. Mucho más difícil e interesante es conocer cómo se puede llegar a ser un Rajoy.

Como representante-tipo ideal de la clase política española, Rajoy conjuga a la perfección los dos componentes que la definen, imbricados en unidad de personalidad diferenciada con variantes gradativas: la psicología de la corrupción y la sociología del escalafón. Por la primera, la reserva, la ocultación, el juego sucio, el cinismo se vuelven segunda naturaleza y sustituyen a la primera, de existir, lo que en un funcionario de partido es discutible.

Por la segunda, la vida en la totalidad de sus múltiples aspectos es reducida a un esquema ascensional, concebida como una suerte de escalada lenta y segura en el favor lisonjero del Jefe, un ejercicio casi ascético en la renuncia constante a sí mismo, y, consolidada la posición por antigüedad, si se llega a la preeminencia sobre los restantes escaladores, se ejercerá el poder de la misma manera a como se le obedeció: por afán de medro, cobardía y ameritamiento de acciones viles contra terceros. Por ejemplo, ¿qué idea puede hacerse Rajoy de la “izquierda”?

Para él, sin duda, la izquierda es gente como Cebrián, alguien que escaló el escalafón antes que él y por recomendación paterna, lo que el propio Rajoy no puede argüir en su defensa con tanto orgullo. De ahí la secreta admiración por estos otros ejemplares, con los que un inocultable agradecimiento le vuelve cómplice. Respecto de Felipe González, la admiración se torna pasmo sacral, pues duró casi catorce años en lo más alto del escalafón y ése es el valor absoluto para quien mide la calidad de gobierno con los años de permanencia. En cuanto a Aznar, conoce bien sus debilidades y se propuso no reproducirlas.

La altanería de trato con otros, como Zapatero, se debe a que él se sentía “mejor”, es decir, con más méritos baremables y complementos de antigüedad “en el cuerpo”. Algo parecido le sucede con Pedro Sánchez: es un opositor sin curriculum en el sentido en que éste se entiende en los tribunales de oposición. Los secesionistas no le preocupan: pertenecen a un cuerpo funcionarial de rango inferior sobre el que pesa la subordinación a órganos competentes más elevados. Así es como la clase política se representa la realidad. Desde la posición de un Estado reducido a un juego de rol de funcionarios de partido en complicidad trasversal. Sovietismo multicolor.

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